domingo, 28 de abril de 2013


Estaba necesitando hacer una limpieza en mí:
 tirar algunos pensamientos indeseados, lavar algunos tesoros que estaban medio oxidados. 

Entonces, saqué del fondo de los cajones recuerdos que no uso y no quiero más.Tiré afuera algunos sueños, algunas ilusiones. Papeles del presente que nunca usé, sonrisas que nunca dí. Tiré fuera la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban dentro de un libro que nunca leí. 


Miré para mis sonrisas futuras y mis alegrías pretendidas y las coloqué en una caja, bien ordenaditas.


Saqué todo del armario y lo fui tirando al suelo: pasiones escondidas, deseos reprimidos, palabras horribles que nunca hubiera querido decir, heridas de un amigo, recuerdos de un día triste.


Pero también encontré otras cosas... ¡y muy bellas!: un pajarito cantando en mi ventana, aquella luna color de plata, una puesta del sol. Fui contemplando cada uno de aquellos recuerdos. Me senté en el suelo para poder escoger.


Arrojé directo a la basura los restos de un amor que me hirió.
Tomé las palabras de rabia y dolor que estaban en el estante de encima, pues casi no las uso, y las tiré fuera en el mismo instante. 


Otras cosas que aún me hieren, las coloqué aparte para después ver lo que haré con ellas, si las olvido o las envío a la basura tmb..

Era en aquella caja, en aquel cajón en el que uno guarda lo más importante: el Amor, la Alegría, las Sonrisas y la Fe para los momentos que más lo necesitamos.


Recogí con cariño el amor encontrado, doblé ordenadito los deseos, coloqué perfume en la esperanza, pasé un pañito en el estante de mis metas y las dejé a la vista para no olvidarlas.

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